Viaje a Calcuta, India (2024)
ES
"El valor de hacer" es el título del proyecto que invita a reflexionar sobre la dignidad intrínseca del trabajo, entendido como toda acción que sostiene, transforma o mejora la vida en común. En una sociedad que suele medir el valor por el resultado, la eficiencia o el beneficio económico, este proyecto propone detenerse en el acto mismo de hacer: en el gesto cotidiano, en el esfuerzo anónimo, en el trabajo manual y corporal que tantas veces pasa desapercibido.
Es una exploración sensorial y crítica de la calle como escenario de vida y trabajo en Calcuta. Tras viajar a esta ciudad, la artista se sumergió en su realidad cotidiana: recorrió sus barrios, observó sus dinámicas y dejó que la experiencia directa transformara su mirada. En Calcuta, la calle no es solo un espacio de tránsito: es hogar, mercado, refugio y plaza pública. Lejos de los modelos occidentales, donde la vida urbana se ha replegado hacia lo privado, aquí el espacio común se convierte en una extensión del cuerpo: lugar de encuentro, de sustento y de interdependencia.
Cada escena representada en este proyecto evoca ese dinamismo. A través del color, el gesto y la acción cotidiana, se revela una verdad fundamental: el trabajo es una expresión de dignidad. No se trata solo de aquello que se remunera, sino de todo acto que sostiene, organiza o transforma la vida colectiva. Desde quienes transportan personas bajo la lluvia, hasta quienes limpian lo que otros desechan; desde vendedores ambulantes hasta cocineras, artesanos u obreros: todos participan de una coreografía social esencial.
Este viaje pictórico nos invita a cuestionar qué entendemos por trabajo digno. ¿Es la dignidad una condición del salario, del puesto, del reconocimiento social? ¿O reside en la actitud, en la necesidad, en la conexión humana que ese trabajo genera? Las obras no romantizan la precariedad, pero sí rescatan la belleza del esfuerzo, la creatividad en la escasez y el valor de los vínculos que se forjan a ras de calle.
Así, el arte se convierte en manifiesto. Al representar lo cotidiano con intensidad y respeto, estas obras reivindican la calle como espacio de visibilidad y resistencia. En ellas, la dignidad no se impone desde arriba: nace desde abajo, de quienes trabajan, de las miradas que se cruzan, de las vidas que se sostienen mutuamente.

EN 
"The Value of Doing" is the title of a project that invites reflection on the intrinsic dignity of work, understood as any action that sustains, transforms, or improves communal life. In a society that often measures value by results, efficiency, or economic profit, this project proposes pausing to focus on the very act of doing: on the everyday gesture, the anonymous effort, the manual and physical labor that so often goes unnoticed.
It is a sensory and critical exploration of the street as a stage for life and work in Kolkata. After traveling to this city, the artist immersed herself in its daily reality: she walked through its neighborhoods, observed its dynamics, and allowed direct experience to transform her perspective. In Kolkata, the street is not just a space for transit; it is home, market, refuge, and public square. Far from Western models, where urban life has retreated into the private sphere, here the common space becomes an extension of the body: a place of encounter, sustenance, and interdependence.
Each scene depicted in this project evokes that dynamism. Through color, gesture, and daily action, a fundamental truth is revealed: work is an expression of dignity. It is not only what is paid for but every act that sustains, organizes, or transforms collective life. From those who transport people in the rain to those who clean what others discard; from street vendors to cooks, artisans, and laborers—all participate in an essential social choreography.
This pictorial journey invites us to question what we understand by dignified work. Is dignity a condition of salary, position, or social recognition? Or does it reside in attitude, necessity, and the human connection that such work generates? The works do not romanticize precariousness, but they do reclaim the beauty of effort, creativity in scarcity, and the value of bonds forged at street level.
Thus, art becomes a manifesto. By representing the everyday with intensity and respect, these works affirm the street as a space of visibility and resistance. In them, dignity is not imposed from above: it arises from below, from those who work, from the gazes that meet, from lives that mutually support one another.
Dos mujeres barren su hogar  (2025)
ES
Esta obra se adentra en la vida callejera de Calcuta, una ciudad donde la calle no es solo un espacio de tránsito, sino literalmente un hogar para muchas personas. A través de una escena cotidiana —dos mujeres barriendo su hogar—, la artista revela la profundidad y la dignidad que puede contener un gesto común.
Fruto de un trabajo de campo sensible y comprometido, la pintura recoge la experiencia directa de recorrer los barrios de la ciudad, observar sus ritmos y convivencias, y comprender que, en este contexto, el espacio público es también un espacio íntimo: cocina, dormitorio, lugar de trabajo y punto de encuentro. Cada elemento de la escena —los árboles que ofrecen sombra, el puesto ambulante, la ropa tendida, la ambulancia que irrumpe parcialmente— contribuye a construir un retrato social vibrante y honesto.
El uso de colores intensos —verdes vibrantes, amarillos cálidos, rojos vivos— imprime a la escena una energía vital que contrasta con la dureza de las condiciones representadas. No hay dramatismo ni idealización: hay respeto. Las mujeres que trabajan no están al margen, sino en el centro mismo de la composición.
Lo que esta imagen propone es una mirada atenta a lo invisible, una reivindicación de las tareas que sostienen lo común. La calle, habitada y cuidada, se convierte en un escenario de resistencia y dignidad, donde el arte no observa desde fuera, sino que se implica y toma posición. Esta obra interpela al espectador: ¿cómo entendemos el hogar? ¿Dónde empieza la dignidad? En estas calles llenas de ruido, de suciedad, de gente y de vida, emerge una respuesta poderosa: desde abajo, desde lo simple, desde lo verdadero.

EN
This work delves into the street life of Calcutta, a city where the street is not merely a space of transit, but quite literally a home for many. Through a simple, everyday scene — two women sweeping their home — the artist reveals the depth and dignity that a common gesture can hold.
Born of sensitive and committed fieldwork, the painting reflects the artist’s direct experience of walking through the city’s neighborhoods, observing its rhythms and ways of living, and understanding that, in this context, public space is also intimate: a kitchen, a bedroom, a workplace, and a gathering point. Every element in the scene — the trees offering shade, the street stall, the hanging laundry, the ambulance partially entering the frame — contributes to a vibrant and honest social portrait.
The use of bold colors — vibrant greens, warm yellows, vivid reds — imbues the scene with a vital energy that contrasts with the harshness of the conditions depicted. There is no dramatization, no idealization — there is respect. The women at work are not pushed to the margins; they are placed at the very center of the composition.
What this image proposes is a careful gaze toward the invisible, a tribute to the tasks that sustain the collective. The street, inhabited and cared for, becomes a stage of resistance and dignity, where art does not stand at a distance, but engages and takes a stance. This work challenges the viewer: How do we understand home? Where does dignity begin? In these streets full of noise, of dirt, of people and of life, a powerful answer emerges: from below, from simplicity, from what is true.
Los rickshaws de Calcuta  (2025)​​​​​​​
ES
Los rickshaws de Calcuta retrata una escena urbana cargada de movimiento, color y humanidad. En este fragmento de ciudad, la calle se muestra como un espacio profundamente vivo.  La artista nos sitúa en medio de un flujo constante: bicicletas-rickshaw que avanzan, peatones que caminan bajo la lluvia, carteles que saturan las fachadas, árboles que emergen con fuerza en la escena. Todo respira al mismo tiempo.
Fruto de una inmersión directa en el pulso de la ciudad, esta pintura capta no solo lo que se ve, sino lo que se siente al estar allí. La elección de colores intensos —rosas encendidos, verdes ácidos, sombras densas— imprime a la escena una fuerza vital que parece brotar del suelo mismo. No hay nostalgia ni exotismo: hay PRESENCIA. El conductor de rickshaw, vestido con un chubasquero rosa brillante, no es una figura secundaria, sino el protagonista de una coreografía urbana que se sostiene gracias a él y a tantos otras personas.
Los detalles cuentan historias: los letreros en inglés, bengalí y símbolos religiosos; la mezcla de arquitectura decadente y comercio informal; el gesto del pasajero que mira al espectador. Cada elemento suma capas a un retrato social complejo y vibrante.
Esta obra propone una mirada hacia la calle como lugar de trabajo, pero también como territorio de dignidad. Aquí, hacer es resistir. Empujar, cargar, transportar: cada acción revela la estructura invisible que mantiene en pie lo común. El arte, en este caso, no es observador distante, sino testigo comprometido. Y en ese testimonio, la pregunta es inevitable: ¿somos capaces de ver a quienes sostienen la ciudad?

EN 
The Rickshaws of Calcutta captures an urban scene pulsing with movement, color, and humanity. In this fragment of the city, the street is revealed as a deeply alive space. The artist places us in the midst of a constant flow: cycle rickshaws moving forward, pedestrians walking under the rain, signs crowding the façades, trees breaking forcefully into the scene. Everything breathes at once.
Born from a direct immersion in the city’s pulse, this painting captures not only what is seen but what is felt by being there. The choice of bold colors — glowing pinks, acidic greens, dense shadows — gives the scene a vital energy that seems to rise from the ground itself. There is no nostalgia, no exoticism — only PRESENCE. The rickshaw driver, dressed in a bright pink raincoat, is not a background figure, but the protagonist of an urban choreography that is sustained by him and by so many others.
The details tell stories: signs in English, Bengali, and religious symbols; a blend of decaying architecture and informal commerce; the gesture of the passenger gazing back at the viewer. Each element adds layers to a complex and vibrant social portrait.
This work invites us to see the street not only as a place of labor, but as a space of dignity. Here, to act is to resist. To push, to carry, to transport — each movement reveals the invisible structure that keeps the collective life standing. In this case, art is not a distant observer, but a committed witness. And in that testimony, one question becomes inevitable: are we truly able to see those who keep the city alive?
Más allá del sari blanco (2025)
ES
Esta obra retrata a las Sisters de Calcuta —las Misioneras de la Caridad— en su caminar cotidiano, envueltas en sus inconfundibles saris blancos con bordes azules. Sin embargo, la artista nos invita a ir más allá de esa imagen icónica, más allá de lo que creemos ver. A mirar sin prejuicios, sin filtros religiosos o culturales, para encontrarnos con algo más profundo: la fuerza serena de unas mujeres que han entregado su vida al servicio de los más olvidados.
La escena, cargada de simbolismo, muestra a un grupo de monjas avanzando con paso firme por una calle teñida de rojo vibrante. Vistas de espaldas, no vemos sus rostros, pero sentimos su determinación, su presencia. No se detienen. Avanzan con la certeza de que su vida está sostenida por algo más grande. Avanzan hacia su misión: estar con los pobres, abrazar la fragilidad, cuidar lo que otros no ven.
La artista creó esta obra tras un viaje a Calcuta, donde pasó dos semanas haciendo voluntariado junto a estas mujeres. Allí no solo compartió su labor, sino que fue testigo de su inmensa humanidad: su fe sin estridencias, su fortaleza silenciosa y el amor incondicional con el que acompañan a los enfermos y marginados de la ciudad. En este lienzo, lo sagrado no se representa desde lo divino, sino desde lo humano: desde los pies que pisan la calle, desde los cuerpos que sirven, desde las manos que sostienen y acompañan.
El rojo del suelo no es un simple recurso estético; es una declaración. Es el calor de Calcuta, la intensidad de su vida callejera, la pasión silenciosa del trabajo diario. El blanco de los saris no solo contrasta: irradia. Es símbolo de pureza, sí, pero también de resistencia, de compromiso, de presencia.
Esta obra es, en el fondo, una invitación a mirar con otros ojos: a descubrir que la calle puede ser altar, que el amor es entrega, y que en el caminar firme de estas mujeres hay una respuesta a la pregunta por la dignidad, el amor y la fe.

EN
 This work portrays the Sisters of Calcutta — the Missionaries of Charity — in their everyday walk, wrapped in their unmistakable white saris with blue borders. Yet the artist invites us to look beyond that iconic image, beyond what we think we see. To look without prejudice, without religious or cultural filters, and to encounter something deeper: the serene strength of women who have devoted their lives to serving the most forgotten.
The scene, rich in symbolism, shows a group of nuns moving steadily through a street bathed in vibrant red. Seen from behind, we do not see their faces, but we feel their determination, their presence. They do not stop. They move forward with the certainty that their lives are upheld by something greater. They walk toward their mission: to be with the poor, to embrace fragility, to care for what others overlook.
The artist created this piece after a journey to Calcutta, where she spent two weeks volunteering alongside these women. There, she not only shared in their work but bore witness to their immense humanity: their quiet, unwavering faith, their inner strength, and the unconditional love with which they accompany the sick and the marginalized of the city. In this painting, the sacred is not depicted through the divine, but through the human: through the feet that walk the streets, the bodies that serve, the hands that hold and accompany.
The red of the ground is not merely an aesthetic choice; it is a statement. It is the heat of Calcutta, the intensity of its street life, the silent passion of daily labor. The white of the saris does not merely contrast — it radiates. It symbolizes purity, yes, but also resistance, commitment, and presence.
At its core, this work is an invitation to look with new eyes: to discover that the street can be an altar, that love is service, and that in the steadfast walk of these women lies an answer to the questions of dignity, love, and faith.
El vendedor de flores (2025)
ES
Esta obra nos lanza de lleno a la calle: un escenario palpitante donde la vida y el trabajo se sostienen mutuamente. En medio del asfalto teñido de un verde casi onírico, un hombre se sienta a ras de suelo. Con manos pacientes, engarza flores de hibisco una a una, transformando la fragilidad de cada flor en guirnaldas que llevarán color y perfume a templos, bodas y altares.
A su alrededor, la ciudad late: motos que se detienen, bicicletas apoyadas, un muchacho que monta un tenderete, un grupo que conversa a la sombra. Y sentada en su silla, una mujer observa la escena: testigo silenciosa de lo que acontece en este pequeño mercado callejero. Todo sucede a la vista de todos, pero cuántas veces pasa desapercibido.
Aquí, la artista nos obliga a detenernos. A apartar la mirada de lo monumental para dejarnos atrapar por lo minúsculo: la postura encorvada del hombre, la figura quieta de la mujer, la paciencia infinita de quien hace del trabajo una forma de cuidado.
Entre cables eléctricos y fachadas desconchadas, el trabajo del vendedor de flores siembra belleza donde menos se espera. Su gesto humilde es una ofrenda: a la memoria colectiva, a la espiritualidad cotidiana, a esa devoción terrenal que se abre paso en medio del ruido.
Los colores lo dicen todo sin palabras. El verde irreal convierte la calle en un escenario casi sagrado, mientras el rojo encendido de los hibiscos incendia la escena: un recordatorio de que la belleza no pide permiso, solo sucede.
Así, esta obra nos devuelve una pregunta urgente: ¿qué vemos cuando miramos? Quizá —entre un vendedor, una flor y un trozo de asfalto teñido de verde— descubramos que la vida más digna se sostiene, precisamente, en esas cosas pequeñas que casi nunca miramos.

EN
This work throws us right into the street: a pulsing stage where life and labor sustain each other. In the middle of asphalt tinted with an almost dreamlike green, a man sits low to the ground. With patient hands, he threads hibiscus flowers one by one, transforming the fragility of each bloom into garlands that will bring color and fragrance to temples, weddings, and humble altars.
All around him, the city beats: motorbikes pulling over, bicycles leaning against walls, a young man setting up a street stall, a group chatting in the shade. And seated in her chair, a woman watches the scene — a silent witness to what unfolds in this small street market. Everything happens in plain sight, yet how often does it go unnoticed?
Here, the artist compels us to stop. To turn our gaze away from the monumental and let ourselves be captured by the tiny details: the man’s hunched posture, the woman’s still figure, the infinite patience of someone who makes work a form of care.
Amid tangled electric wires and peeling facades, the flower seller’s labor sows beauty where it’s least expected. His humble gesture is an offering: to collective memory, to everyday spirituality, to that earthly devotion that pushes through the city’s noise.
The colors say it all without words. The surreal green turns the street into an almost sacred stage, while the fiery red of the hibiscus ignites the scene — a reminder that beauty doesn’t ask permission, it simply happens.
Thus, this work returns to us an urgent question: what do we see when we look? Perhaps — between a vendor, a flower, and a patch of asphalt stained green — we might discover that the worthiest life rests precisely in those small things we so often overlook.
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